“Me gusta provocar”

Por Florencia Guerrero

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¦Rodolfo Mederos, lejos de las multinacionales. Cooperativismo y análisis de género. El cupo femenino en la música y el factor Pugliese.

Un video de promoción lo mostraba preguntando “¿Nos ayudás?”; es que contra cualquier pronóstico, el prodigioso maestro Rodolfo Mederos se propuso grabar el tercer disco de su típica, una empresa enorme en los tiempos que corren. Pero como si el sólo hecho de sostener un proyecto colectivo no fuera grande, el bandoneonista decidió recurrir a la plataforma de financiamiento colectivo www.Idea.me. Allí, todo interesado en ayudar con su aporte podía ingresar y obtener a cambio, atractivas recompensas: desde entradas a conciertos, talleres dictados por él mismo, o shows privados. “Siento que no hice mucho. Doy gracias que estoy vivo para seguir haciendo cosas”, explica desde el living de su casa en Constitución.

Mederos dice que no se considera artista: “No, no, yo soy un trabajador”. Y en ese tren ya prepara una serie de conciertos en el Tasso -8 y 13 de septiembre- junto a Ariel Ardit y el negro Leandro Falótico. “Habrá algunos homenajes a los grandes y algunas imprudencias mías”.

 

–¿Por qué optó por el cooperativismo para costear el disco?
–Normalmente los músicos de mi generación dejamos en poder de alguna multinacional de turno nuestro esfuerzo de sangre, sudor y lágrimas, para finalmente no ser dueños de eso. Es cierto que han costeado la grabación pero ahora algún gerente puede descontinuar todo este trabajo. A partir de los ‘90 decidí producir mis propios trabajos y ahora apareció la idea de esta plataforma que tiene un cierto costado ideológico comunitario. Es como hacerlo entre todos.

–¿Como si volviera a trabajar con Pugliese, en su cooperativa?
–Algo así. En mi caso, ya no quiero dejar en manos de una compañía apátrida un producto que sale de mi corazón; sería mancillar lo que estoy haciendo. Las compañías tienen interés de vender discos, sea lo que fuere, y generalmente provocan modas para vender discos. Pero lo que está de moda, después se pone en liquidación, ya lo sabemos.

–¿Y en qué situación está el tango?
–Creo que el fenómeno es general. Vivimos una realidad amusical, en la que la velocidad ya no permite siquiera que la gente tenga discos físicos y se junte a escucharlos. Esto pareciera ser un mecanismo, más allá de lo rentable, que viene de mucho más arriba, transnacional, que termina masificando los consumos culturales. Es un mecanismo perverso que formatea los gustos de la gente. El tango, o cualquier música honesta, no genera interés en esos grandes capitalistas. Igual, aunque vinieran esas compañías, yo seguiría eligiendo no darles mi trabajo, aunque sea una dificultad.

–¿Su insistencia de mantener una formación de típica o esta concepción cooperativa se suman a la idea de volver a la fuente?
–¡Es que yo nunca me fui de la fuente! Siempre estoy mojando el pancito en la salsa, alimentándome de ahí. Por aquello de que no es bueno cortar la rama en la que uno está parado. Igual, no sabes lo que me cuesta mantener este esquema de típica, porque la vida ha atomizado a los músicos que tienen que tocar en muchos sitios para sobrevivir. Es una cruzada, pero a la vez, es lo que me da las ganas de vivir, no me imagino con todo resuelto.

 

–El disco se llama “13”, tiene esa cantidad de temas y lo presenta un martes 13. ¿En un ambiente tan cabulero no es mucha provocación?
–Es un número maravilloso, y no creo para nada en eso. Me gusta provocar.

 

“Soy crítico de todo, de lo que hice y de lo que haré. Soy terrible”, admite Mederos aunque se queja un poco de esa fama que le han hecho por pensar y discutir algunas certezas del establishment cultural y popular. “Todas las formas que intentan persistir han pasado por una trituradora. En el arte ya no queda nada en estado puro. Hay dos conductas claras: está el artista que hace lo suyo por gloria y dinero, o el que siente la necesidad íntima de comunicar algo. No está mal ganar plata, el asunto es cuando las primeras tendencias influyen en el trabajo, hacer ciertas cosas para vender más y tener gloria, genera productos bastardos. Eso es ‘mcdonalizar’ la cultura”.

–¿Hay posibilidades de seguir generando vanguardia en el género?
–La hay desde 1880, el tango dio muestras permanentes, y si escuchamos música de aquellos años, y una música de Aníbal Troilo, nos damos cuenta de que es otro mundo. Década tras década, el tango ha generado nuevos pensamientos, nuevas tendencias y técnicas en la poesía, en la música. Esto fue maravilloso, hasta que se agotó. Uno no puede pedirle a esa teta toda la leche. Dio lo que dio y es mucho, más de lo que el ser humano merece. El tango es una de las mejores cosas que el ser humano supo hacer.

–¿Entonces ya no hay posibilidad de novedad?
–Es que algo no tiene que ser novedoso, tiene que ser. Cualquier movimiento artístico va evolucionando por épocas, creando estilos. El arte genuino no surge de un grupo de iluminados, sino en el seno de una sociedad. Esto tiene una eclosión, una cúspide, meseta y decaimiento. Lo que vendrá será diferente, pero tendrá algo de esto que hemos hecho. En el medio, entre el pasado y el futuro de la música, hay un momento de transición en el que se crea a partir de eso que hicieron otros antes y algunas cosas nuevas, pero nadie sabe bien qué es lo que va a resultar. En ese momento estamos. En todo el arte estamos así, en una etapa de ver qué pasa. Si no reconocemos el decaimiento que vive el tango, vivimos en el país de maravillas de Alicia. El tango pertenece a una cosa inmortal, pero ya no es representativo. En esta sociedad que Bauman llama líquida, el tango no tiene lugar, el tango necesita del objeto, no de la inmaterialidad. Es como una obra terminada, el pintor le puso el marco, la firma y ahora estamos todos mirando. Nos queda mirar eso y llorar, o ver al lado la tela vacía y pensar con qué llenarla.

–Menudo lío para las generaciones nuevas.
–Los jóvenes tienen ante sí un problemón, son generaciones golpeadas por una indiferencia hacia lo sensible. Pareciera ser yo un tirabombas, espero no ser malinterpretado. Porque aún dentro de esa realidad que veo, se empiezan a ver señales en la gente joven, que es en la que yo pongo todas mis esperanzas. Hay un sector pequeño, pero Fidel hizo lo que hizo con poca gente. Yo tengo un colaborador, Rodolfo Roballos, que está gestando orquestas escuela, que incorporan desde gente que no sabe, hasta los que saben más. El proyecto se llama Academia Tango Club, y ya hay 6 orquestas funcionando. Un músico se hace en la cancha, pero no tienen viento a favor como lo teníamos nosotros; yo tocaba el bandoneón y el viento me llevaba a una orquesta.

–Ante la muerte de Horacio Salgán, ¿cómo vive la pérdida de tantos grandes del género?
–No quiero mostrarme como un místico pero no creo que se haya muerto Salgán, porque él pertenece a los inmortales. Puede haberse muerto su persona física, de eso nadie escapará, pero él no murió porque seguirá en quienes entramos a ese increíble mundo de la sensibilidad de la música, que para mí es la eternidad.

–En su típica hay dos mujeres. ¿Existe cupo femenino en la música?
–Lamentablemente ciertas cuestiones se han trasladado a todos los tiempos; la mujer ha sido objeto de sometimiento desde todo punto de vista. ¿Qué tendrá que ver el tango en todo esto? Bueno, el tango como expresión surge de un ámbito masculino, pero no solamente el tango. En muchas situaciones, la mujer tiene una entrada que hay que revisar. ¿Cuántas bateristas conocés? ¿Cuántas directoras sinfónicas? Y sí, el tango desarrolló una tendencia masculina, que no deja de tener grietas. La mujer seguirá teniendo que hacer un gran esfuerzo para conquistar lo que no debería tener que conquistar, porque también es suyo.

–¿Qué queda de aquel Mederos que participó en el primer LP de Almendra?
–(Risas) Está intacto. Yo soy muy ávido y curioso, siempre me pregunto qué más hay para hacer. Eso es lo que pasó en los años de Generación Cero y en este caso, siempre voy a seguir buscando. Entro en crisis de tanto en tanto, por suerte, y ahora me está pasando, entonces estoy por formar otro grupo, sin dejar nada de lo que ya hago, porque necesito expresarme desde otro lado. Que vengan nuevas cosas, música impensada.

–¿Cómo recuerda su paso por la orquesta de Pugliese?
–Cuando vine a Buenos Aires, Osvaldo estaba un poco lejos de otros que me interesaban más. Pero necesitaba trabajar, así que acepté y estuve casi 7 años; pasaron muchos años para que yo comprendiera todo lo que incorporé con él. Yo no sentía fascinación por él, por eso todas esas maneras de tocar, de ser y pensar, fueron entrando en mi ADN de manera casi natural. Creo que no pensaría ni sería lo que soy, de no haber mediado en mi vida músicos como Osvaldo y muchos otros, que por ahí no fueron famosos. Si repaso un poco mi vida, no tengo quejas, sólo agradecimiento a mis viejos, a la clase social a la que pertenezco y a la música.

Nota original

http://www.veintitres.com.ar/article/details/90109/me-gusta-provocar

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