“En realidad, la música puede escribirse para un único instrumento si éste es técnicamente capaz de contener todo el material necesario (melodía, armonía, etc.), tal el caso del piano o el bandoneón. El compositor tendría así resuelto el problema de ‘¿a través de qué hago sonar mi música?’.
Sin duda, la necesidad de combinar distintos instrumentos para el mismo fin, buscando una coloración tímbrica diferente, es la causa por la cual el músico piensa en el grupo.
Así siento también yo. En consecuencia, cada una de las formaciones para las que escribo me expresan de manera diferente aunque mi música sea la misma. Cada formación no es mejor que otra. Se complementan; son universos diferentes, y la posibilidad de hacerlo me hace sentir afortunado.”